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La enseñanza como un proceso de aprendizaje.

Jamás imagine enseñar, recibiendo mas sapiencia siempre de mis alumnos de la que soy capaz de brindar. Cada clase es para mi hoy una leccion de vida.


Tal parece que uno nunca sabe como se van a dar las cosas en la vida.
Jamás imagine las experiencias que el paso del tiempo, por decirlo de alguna forma, me iría brindando y que yo iría placenteramente aceptando en la mayoría de los casos. Así hoy queriendo ser solo un simple pintor, es que trabajo la mayor parte del tiempo en la enseñanza  de Arte. Recibiendo sapiencia siempre mas de la que soy capaz de brindar.

He descubierto el este inevitable pasar del tiempo no solo cuan demandante es esta actividad, sino cuan tremendamente gratificante es a la vez. He descubierto  también que así como la luz que se filtra entre las grietas de un muro en la oscuridad puede iluminar un gran espacio semi oscuro y  permitirnos con esa escaza luz descubrir los misterios de este, tan solo dándonos el tiempo para acostumbrar nuestros ojos a la la relativa oscuridad y de esa forma poder ver aun en la penumbra ; Así también,  he aprendido a brindarme el tiempo para conocer mas a mis eventuales alumnos,  para poder ver esas pequeñas grietas de luz que se filtran desde su interior, las mismas que me permitirán  ver esa realidad invisible,  aquella realidad interior siempre presente si la queremos ver, y en algunos casos poder brindarles aquello que mas necesiten  y que el la mayoría de los casos no solo se restringe a una técnica de pintura o un poco de teoría de arte. Esas son excusas para hacer una conexión intelectual y generar espacios de entendimiento y colaboración para asumir nuevos retos juntos, como socios temporales.

Me deleito escuchando sus historias antes , durante o después de clases según sea el caso. Historias que pueden ser de sueños de futuro, fantasías de niños, o simplemente recuerdos de vidas vividas con mucha intensidad en un pasado aun no tan lejano y hoy contempladas desde la serenidad del otoño de sus vidas. Ser amigo, entrar en el alma de estos seres es u regocijo espiritual y en cada caso, una experiencia de vida. He aprendido con este compartir, con este dar y recibir amor, a ser mejor persona y sorprenderme siempre de mi mismo y de mi propia especia, el ser humano.

Enseñar en países diferentes y en diferentes niveles de la educación, sirviendo a los mas diversos nichos de la sociedad,  ha hecho evidente en mi cuan similares son los jóvenes y los adultos sin importar la nacionalidad el país o la etnicidad, que aunque sus comportamientos parcialmente correspondan a los patrones socio culturales a los que han sido expuestos, somos al fin todos casi iguales. Y es que, los seres humanos podemos ser mas o menos demostrativos, mas o menos interesados en el estudio, pero que al fin , el factor humano es el que va a imperar para generar  la motivación que conduzca a la curiosidad intelectual que será sin lugar a dudas el mayor legado que cualquier profesor quiera brindar y el espacio común de entendimiento de cualquier sociedad que quiera mirar al futuro en un espacio de igualdad y justicia.

Toda esta reflexión, sin embargo tiene que ver con que hace muy poco he tenido el honor de llevar a cabo un taller en un centro correccional local. Un taller de Arte del que he aprendido con creces mas de lo que seré capaz de procesar e internalizar en mucho , mucho tiempo. Durante este taller hablamos de color, de textura, de composición y de técnica de pintura, pero en el fondo tratamos de sentimientos, de vidas tocadas por un hecho que las ha marcado, de necesidades afectivas y de amor.

Ha sido un bello taller de Arte en una institución en la que la libertad física esta restringida, pero cuyas puertas para la libertad de creación, la libertad de espíritu son un objetivo diario. Esta experiencia me ha enseñado del valor de la libertad desde una perspectiva absolutamente nuevo. Ya había enseñado allí con anterioridad pero que nunca antes me había tocado la experiencia de la misma manera mis fibras interiores. Quizá porque siempre estuve pretendiendo enseñar y no dispuesto a permitirme recibir, quizás porque los años nos van dando la sapiencia de la humildad. Eso no lo se aun y queda en conjeturas y preguntas que deberé de resolver a futuro. Pero, lo que si se es cuan intenso he sentido el amor de mis estudiantes hacia lo que estuvimos realizando en cada clase. Cada sesión fue una experiencia de vida.

 

 

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